viernes, 17 de agosto de 2012

A la memoria de Peter Fechter, finalmente libre.


Hagamos de cuenta, que hoy es 17 de Agosto de 1962, hagamos de cuenta que Peter Fechter caminaba en dirección al Musseum für Kommunikation desde la parte oriental de la ciudad. Hagamos de cuenta que este joven constructor de 18 años, caminó por las calles berlinesas, joven como era, tenía ideales, y sueños de libertad, tenía una novia que supongamos se llamaba Marlene y vivía a doce calles, tocaba el violín y era una pésima estudiante. Hagamos de cuenta que no fue inspiración de ninguna canción, de nadie, su vida transcurrió muy tranquilamente y ahora goza de una mediana jubilación alemana.
Bueno, nada de ésto sucedió, el destino impuso que unos infames construyeran un muro de odio, que unos imbéciles le dispararan en su pelvis, que su juventud se viera trunca y el mundo fuera un poco más horrible, si eso aún es posible.
Peter Fechter, quiso cruzar el Muro de Berlín el 17 de Agosto de 1962, él y un amigo intentaron saltar hacia la libertad que suponía el Berlin Occidental. Lamentablemente fue alcanzado por tristes disparos cuando estaba en lo alto y calló hacia atrás en la tierra de nadie. Durante 50 minutos sufrió y agonizó. Desde la parte occidental cientos de personas miraban atónitos el agonizante sufrimiento, el doloroso padecer de este joven. Ninguno de los soldados occidentales se acercó a auxiliarlo, su muerte fue lenta, fría y sublime. Inspiró a cientos, hoy lo recordamos, a 50 años de su muerte con estas humildes palabras y una hermosa canción realizada por Nino Bravo que nos relata la historia de este joven.



Las letras están inseparablemente ligadas a la historia, en perfecta simbiosis y sincronía, que nunca se acabe la sensibilidad, que siga existiendo la sensibilidad, el amor, la esperanza y los sueños, sin ellos el mundo, no es nada.

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