Vieja, querida vieja
yo se que te faltó alimento
alimento que no supiste dar
ni supimos darte
ni supimos darte
y así viviste,
por inviernos y años
suspirando por un poco de alimento
de proteína de abrazo
de vitamina de amor quizás, un poco de aliento
un poquito, de algún lado
hijo nieto hermano.
Hambre,
entre lamentos y gemidos
fue lo que sufrió, la ausencia
de amor, caricias, compañía
también de abrazos, cariño y juegos.
Me acuerdo lo que me dijo
Me acuerdo lo que me dijo
hambre... al oído... bien bajito
le solté la mano le avisé al viejo,
y mi viejo, mi viejo duro, el recio
ese al que pregunté una vez
si quería a mi hermano (porque nunca me animé a preguntarle si me quería a mi)
porque lo vi siempre así
como en otro lugar, en otro tiempo
y mi viejo digo,
le preparó compota de manzana
y se durmió acostado al lado
y mi vieja
con quien se amigaron hace un buen tiempo
lo mismo sufría y sostuvo su mano
y la madre de mi padre
al fin tuvo un alimento.
Comió por unos días
quizás dos, quizás tres
pero la vieja al fin comía, digo
¡la puta que te fuiste y compartimos
tan poquísimos momentos!
y al final estuvimos solos
curiosidades de la vida
ella y yo acostados
ella yendo yo viniendo
y acaricié al final
tanto pelo en su cana
tanta piel azotada,
le dije que la quería (por primera vez en la vida)
y que se fuera tranquila
mientras la miraba atento
y el final fue así
quizás por fin sereno.
Su alma después de todo
de tanto dolor y sufrimiento
se fue tranquilamente
con su corazón más lleno
al fin tibio, y al fin contento
de tanto cariño y cuidado
brindado en los últimos momentos.
Murió sin hambre, al menos.
Murió sin hambre, al menos.
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